Ya está casi todo inventado y no hay que recurrir a expertos economistas o a complicados algoritmos a la hora de reducir la factura de la compra o los gastos en la cocina. Solo un poco de sentido común y recurrir a los trucos tradicionales.

Los mismos que utilizaron en el pasado nuestras madres y nuestras abuelas. Ellas sí que sabían estirar un presupuesto ajustado… Pues esos tips siguen aún vigentes hoy en día. Y lo mejor es que no solo ahorraremos dinero; también tiempo, algo de lo que siempre vamos escasas.

Planifica

Hay algunas preparaciones básicas que te servirán de base para cualquier plato más adelante. Por ejemplo, lava, trocea y congela cebolla y pimiento; haz caldo de pollo y congélalo en botes de cristal, fiambreras o bolsas herméticas; prepara salsa de tomate frito y guárdalo en pequeñas raciones…

Revisa tu despensa

Intenta darle un repaso una vez a la semana. Coloca delante los alimentos que se tienen que gastar antes y al fondo los más nuevos. Ordena las estanterías por grupos de alimentos y así te será más fácil encontrar todo y controlar qué tienes y qué te falta. Reserva un lugar oscuro, seco y ventilado para los ajos, las cebollas y las patatas, pero ojo, separados entre sí.

Ojo con el frigorífico

Tenerlo ordenado es también importante. Y cada cosa en su sitio. Recuerda sacar la fruta de sus bolsas de plástico, para que las piezas respiren y aguanten más. Y la carne mejor en un recipiente con rejilla. Y no abras y cierres la puerta a lo loco. Cada vez que lo haces pierdes energía y sube la factura de la luz.

Cocina de temporada

Hay que utilizar el sentido común a la hora de hacer la compra. Y sí, esas cerezas pueden parecer deliciosas, pero si estamos en invierno, sabemos que el capricho de comprarlas nos va a costar demasiado. Opta por productos de temporada, que son los más económicos y apuesta por legumbres secas (lentejas, garbanzos…) que son sanas y baratas.

Aprovecha las verduras

Muchas veces tiramos partes de las verduras que nos sirven perfectamente. Por ejemplo, los troncos de las alcachofas si los pelas bien y los hierves son muy ricos; con las hojas exteriores del brócoli y la coliflor puedes preparar caldo y si te sobran verduras haz crema y guárdala en recipientes individuales.

El pan que sobra

Si añades ajo, aceite y vino blanco, con el pan que nos ha sobrado nos saldrá una riquísima sopa, unas migas o unas torrijas. Y si no, siempre puedes rallarlo y utilizarlo para empanar. O freírlo como picatostes para añadirlos luego a alguna crema.

Perejil siempre a mano

Una opción es tener en la cocina una maceta con perejil (albahaca, tomillo…), pero si no puedes, te damos un truco para aprovechar el que compras en manojos o te dan en la frutería. Si ves que ya amarillea, pícalo, ponlo en una cubitera y cúbrelo con aceite. Después congélalo y cuando lo necesites solo tienes que ponerlo directamente en la sartén o la olla. Eso te vale para cualquier hierba aromática.