Historias reales: «Mi vida se rompió por culpa de un accidente de tráfico»

Cada año, los accidentes de tráfico se cobran la vida de miles de personas. Muertes que, en muchos casos, se podrían haber evitado. Ana Novella Reig, presidenta de la Asociación Stop Accidentes vio su vida trucada hace 17 años, cuando perdió a uno de sus hijos.

La historia de Ana Novella Reig nos recuerda que hay tragedias que jamás deberían haber ocurrido. Este es su testimonio sobrecogedor. Tan duro que no nos atrevemos a cambiar ni una sola coma.

Un testimonio desgarrador

“Era un sábado por la mañana, de un 27 de octubre del 2001. Mi marido y mis dos hijos, Jorge y Pablo, se fueron a dar un paseo y a comprarse unas chuches para después de comer.
También habían decidido salir a dar una vuelta dos amigos, Iván y Jorge, de 17 y 18 años respectivamente. El padre de Jorge le había comprado un coche para cuando tuviera el permiso de conducir, que se lo estaba sacando aunque aún estaba en la parte teórica. Cogieron las llaves, se subieron al vehículo y estuvieron dando vueltas de forma temeraria durante toda la mañana… Hasta que mataron a mi hijo.

La tragedia

Según el atestado policial, conducía el menor de edad, Iván (aunque el otro tampoco tenía el permiso de conducir), a una velocidad de más de 95 kilómetros por hora en ciudad. Se saltaban los semáforos en rojo, adelantando a los coches que estaban parados, y, evidentemente, en un momento dado, perdieron el control del coche. Se subieron encima de la acera, donde estaban mi marido y mis dos hijos esperando para cruzar y subir a casa.

Mi marido oyó un chirriar de ruedas y pudo dar un empujón a Jorge, lanzándolo unos metros, a Pablo llegó a cogerle la mano, pero el coche se lo arrebató. Lo dejó empotrado dentro del escaparate de una inmobiliaria y el coche continuó (por su inercia) durante varios metros más hasta que quedó varado contra un árbol, que arrancó de cuajo.
Pablo murió en el acto. Tenía 4 años.

Eran las dos de la tarde cuando oí sonar el timbre de la puerta repetidamente, y fui a abrir
esperando ver a mi marido y a los niños. Pero quien entró fue mi hijo mayor, Jorge, de 9 años, tirándose al suelo y golpeándose la cabeza gritando que “¡Han matado a mi hermano!”. No le creí, intenté calmarle y nos bajamos a la calle.

En shock

Cuando salí, no entendía nada de lo que estaba viendo: policías, bomberos, ambulancias, todo el tráfico de la calle paralizado, y un coche empotrado en un árbol. Se acercó un amigo y le di a mi hijo, que iba de mi mano, para que se lo llevara a su casa. Intenté acercarme hacia el coche siniestrado, preguntando constantemente por mi hijo, pero siempre alguien me lo impedía. Se cruzaba un bombero, un policía me preguntaba algo, un médico me ponía una pastilla en la boca, seguía sin entender nada, pero seguía creyendo que mi hijo no estaba muerto como me había dicho su hermano.

Vi a mi marido, tendido en el suelo, tapado con una manta térmica y en estado de shock, no podía hablar. Al final, dos médicos se acercaron y me indicaron el camino hasta una ambulancia que había allí, y pensé: “Ahí está mi hijo, seguro”. Cuando entré y vi la camilla vacía fue cuando me derrumbé por completo y comprobé que mi hijo mayor tenía razón, a su hermano lo habían matado.

Antes y después

Aún así, lo tuve que preguntar, es algo que no te lo puedes creer. Me lo confirmaron. En ese momento, sentí un profundo dolor en el vientre, como un desgarro interno que no puedo explicar, como si me estuviesen arrancando las entrañas.
Me dieron más medicación y nos llevaron al hospital a mi marido y a mí.

Lo anterior a todo este relato era una vida plena, con alegría, perspectivas de futuro, como la mayoría de las familias jóvenes con niños. Pablo era un niño muy dulce, y a la vez con carácter, pero, junto a su hermano, llenaban la casa de VIDA.
A raíz del siniestro, todo cambió, psicólogos, psiquiatras, juicios…

Ana con Pablo, su pequeño tesoro.

Estuvimos viviendo en la misma casa durante dos años más, ya que nos aconsejaron “hacer vida normal”, por nuestro otro hijo. Pero al final se me hizo imposible. A Pablo lo mataron frente al portal, en la acera de enfrente, y no pude seguir viviendo allí. Vendimos la casa y nos mudamos a otro barrio de la ciudad.

El futuro

Todas mis fuerzas y energías las he volcado en que mi hijo Jorge pudiera continuar hacia adelante con su vida y que fuese una persona feliz. Es algo que ha costado, pero puedo decir que se ha conseguido. Hoy en día tiene 26 años y ha terminado su carrera.Su hermano siempre estará ahí, dentro de él, pero, ha podido continuar con su vida.

Por mi parte, conseguí dirigir todos los sentimientos negativos que tenía (rabia, odio, ganas de matarme, ganas de matar…), al exterior, pero de forma positiva. He querido hacer algo para que, a ser posible, nadie más pasara por lo que mi familia y yo hemos pasado, y continuamos pasando. Encontré Stop Accidentes, y fue mi canal para poder hacerlo. Desde entonces, no he parado de luchar, y lo seguiré haciendo, siempre, por Pablo, mi pequeño tesoro”