Historias reales: “Me enamoré cuando ya tenía asumido vivir sin pareja”

Nunca es tarde para enamorarse, Y si no, que se lo digan a Nuria, que a sus 59 años vio como la aparición de un antiguo amor de juventud ponía patas arriba su ordenada vida. ¿Crees en las segundas oportunidades? ¿Te arriesgarías a que te rompieran el corazón de nuevo?

Está claro que en esta vida no puedes bajar nunca la guardia, porque cuando menos te lo esperas, ¡zas! ocurre algo que pone tu mundo del revés… como que aparezca un antiguo amor de juventud.

 

A mí me pasó hace dos años, casi a los 60, cuando pensaba que mi vida era perfecta, tranquila y organizada. Tenía un buen trabajo, una casa preciosa ya casi pagada y una familia que había terminado aceptando que era Nuri, la tía soltera, guapa y divertida, que algún día dejaría su herencia a sus tres maravillosos sobrinos… Bueno, la verdad es que yo también lo pensaba, salvo por lo de la herencia.

Y entonces me llamó Enrique, Quique, y me dijo que quería verme. Llevaba exactamente 40 años sin saber nada de él.

Reencuentro inesperado

Quique había sido mi primer novio, mi amor de juventud, y dejarlo me destrozó. Porque lo dejé yo, después de una estúpida pelea por algo de lo que ya no me acuerdo. Pero entonces los dos éramos muy cabezotas, ninguno quiso ser el primero en dar su brazo a torcer y nos pudo el orgullo. Para cuando nos dimos cuenta, él se marchó a hacer el Servicio Militar (sí, fue hace una eternidad) y yo aproveché para escaparme un año a Inglaterra a estudiar inglés y olvidarlo. Y lo conseguí.

Con el tiempo volví a enamorarme, claro. Pero ya nunca fue igual. No dejé que me volvieran a romper el corazón y con los años descubrí que me gustaba estar sola. Mi casa, mis cosas, mi espacio… Jamás me he aburrido de mi vida y la verdad es que nunca perdí el tiempo lamentándome de lo que podría haber sido y no fue.

Total, que cuando me repuse de la impresión y recogí el teléfono del suelo le pregunté a mi primer ex cómo había dado conmigo. Y resulta que aún tenía el teléfono de la casa de mis padres, donde ahora vivía mi hermano mayor.

Volver a amar

“Por favor, quiero verte. Hoy, ahora, antes de que te dé tiempo a buscar una excusa”, me dijo. Odio que me pillen con la guardia baja, no sé reaccionar bajo presión, así que tuve que decirle que sí, claro.

Quedamos en una cafetería en la esquina de mi casa dos horas después, que fue el tiempo que tardé en cambiarme cinco veces de ropa antes de bajar en vaqueros y una camisa que nunca me ponía porque me hacía parecer gorda… los nervios, claro.

Lo vi enseguida. Estaba igual de guapo, aunque más viejo claro. Me dio dos besos y me di cuenta de que estaba tan nervioso como yo. Pero no parecía que llevásemos 40 años sin vernos. Tardamos toda la tarde en ponernos más o menos al día. Yo acabé pronto. Él un poco más; llevaba divorciado mucho tiempo y tenía dos hijas.

Quedamos al día siguiente, y al otro, y al otro… Dos meses después de vino a vivir a casa. ¿Sabéis eso de que uno nunca se olvida de lo de montar en bicicleta? Pues lo de acostarnos juntos fue igual. Pero muchísimo mejor. Ahora todo el mundo nos pregunta si nos vamos a casar. Yo no digo nada, por si acaso…