Cuando a la carencia de compañía se le suma el sentimiento subjetivo de soledad, encontramos un problema de salud pública que desencadena sufrimiento y exclusión social. Hay que buscar soluciones, nuestros mayores merecen un envejecimiento saludable física y emocionalmente.

La soledad deseada y elegida contribuye a un crecimiento personal. Pero cuando es ajena a la voluntad, puede ser objetiva, mujeres aisladas socialmente, con escasez de relaciones interpersonales; o subjetiva, la mujer percibe que sus necesidades sociales no están cubiertas, ni en cantidad ni en calidad. La soledad, en ese caso, provoca tristeza, vergüenza y desesperación.

“Genera sufrimiento y afecta la salud y el bienestar físico y psicológico. Los caminos que llevan a ella son diversos, la pérdida de un ser querido, la emancipación de los hijos, la reducción de actividades sociales, la mala salud física o psicológica, menor renta.”

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“Otras causas pueden ser la existencia de barreras materiales que dificultan la movilidad o vivir en una zona despoblada”, explica Silvia Garrigós, vocal de Psicología de Intervención Social del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (infocop.es). “En la cultura mediterránea las relaciones familiares tienen gran relevancia”.

Cuando no se cumplen, por un mercado laboral en constante movimiento que afecta la forma, frecuencia e intensidad de estas relaciones por factores como la distancia, la movilidad o el tiempo, pueden generar sentimientos de soledad”, asegura Sara Marsillas, psicóloga y portavoz de la SEGG, Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (segg.es).

El soporte familiar es uno de los factores de protección más importantes para combatir la soledad no deseada. Las relaciones de calidad con los vecinos y amistades son también pilares clave.

La soledad no es una enfermedad, pero puede generarla. Es importante gestionar el tiempo libre

Es muy importante integrar a nuestros mayores, fomentar su protagonismo social, prevenir la dependencia y ofrecer recursos que les permitan llevar, el mayor tiempo posible, una vida autónoma, “retos derivados del éxito de los sistemas de protección social y los avances sanitarios del estado de bienestar”, asegura Alberto García, coordinador de campañas y comunicación de Accem (accem.es), ONG que apoya y acompaña a personas en situación o riesgo de exclusión social.

“Se trata de ser conscientes de nuestra parte de responsabilidad para contribuir desde diferentes espacios o roles, bien como familiar, amiga o como parte del vecindario”, comenta Sara Marsillas.

¿Qué es el edadismo?

No es otra cosa que la discriminación hacia las personas mayores por considerarlas carentes de valor, devaluándolas por su edad y relegándolas a papeles pasivos.

Muchos mayores de 65 años se ven condenados a la invisibilidad y a la dependencia. “La gente mayor ‘no quiere ser una carga, ni molestar’, un sentimiento de culpabilidad derivado de la discriminación que viven, porque la sociedad las trata como niños, quitándoles su capacidad de decidir y empeorando su vida.

Esta sociedad arrincona, tapa, esconde y penaliza la vejez, exaltando la juventud como única etapa en la que se puede ser feliz, que rechaza a la gente mayor, sin dejarles participar ni tenerles en cuenta.

Estos factores sociológicos tienen que ver con la soledad, estamos aislando a los mayores”, asegura José Ángel Palacios, portavoz de comunicación de Grandes Amigos (grandesamigos.org).

Ellas son más

Las mujeres mayores españolas son casi el 10% de la población, 4,5 millones. El 57% de más de 65 años son mujeres. A partir de los 80 años, el porcentaje alcanza el 63,2% según datos del INE de 2018.

Su mayor esperanza de vida -85,4 años frente a los 80 del hombre-, introduce un sesgo de género al que se añaden otras desigualdades. Nacieron en la década de los 40 y 50. Vivieron su infancia y juventud en un país sumergido en la pobreza, con escasas posibilidades de trabajar de forma remunerada, poco acceso a la educación y limitadas a una vida de cuidados hacia hijos, padres, suegros y maridos.

Son uno de los colectivos más afectados por la desigualdad de género. “Y eso influye a la hora de no poder tejer una red social de amistades de confianza”, asegura José Ángel.

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Cómo gestionar la soledad

La soledad no es una enfermedad, es un sentimiento que, con las herramientas adecuadas, puede no vivirse desde el drama. Muchos estereotipos culturales la vinculan al fracaso social y vital, pero el simple hecho de vivir sola, independientemente de las razones, aumenta la probabilidad de sentir soledad.

“El estigma de la soledad genera barreras psicológicas que aíslan a las personas y dificulta pedir ayuda”, explica Sara. Este estigma puede reducirse interpretando la soledad como un fenómeno común con connotaciones positivas y negativas. “Perder a seres queridos, enfrentándose a la soledad no buscada, sino encontrada, puede incrementar el sentimiento de soledad.

Es importante permitirse sentir y validar estos sentimientos pero buscar opciones para recuperar expectativas y encontrar la forma de vivir la nueva etapa”, dice Beatriz Mora. “En España, la mayoría de las mujeres que viven solas son viudas -en 2020 el 80% de las personas viudas eran mujeres, según datos del INE-.

Sin embargo, para las personas mayores, perder a un ser querido y significativo, como puede ser la pareja, genera miedos e inseguridades, asociados a la pérdida de ayuda mutua y apoyo emocional”, asegura Silvia Garrigós.

  • Para quienes vivir en compañía ha sido prioritario, fechas como Navidad, día de la madre o del padre, aniversarios o cumpleaños pueden provocar sentimientos de frustración y tristeza, decaimiento y ansiedad. Para evitarlo, los especialistas recomiendan exteriorizar estas sensaciones, hablar con amigos y ver si esa actitud es quizá muy subjetiva y extremista. Hay que trabajar en el amor a uno mismo, cuidarse, quererse, aprender a disfrutar de tiempo en soledad y de conexión con una misma.
  • Prepararse y dotarse de estrategias ayudará a convivir con las soledades. Vivir en solitario implica pasar mucho tiempo a solas, es fundamental reconocer la soledad, entenderla y aceptarla. A partir de ahí, se puede fomentar la conexión con uno mismo y con otras personas, con el entorno, retomando el contacto con relaciones existentes.

Además...

¿Sabías que...?

La sociedad envejece. Actualmente hay más personas mayores de 65 años que menores de 14, debido a las bajas tasas de natalidad y el incremento de la esperanza de vida.