Un estudio de la Universidad de Texas ha demostrado que a los cinco días de empezar a meditar ya se producen cambios en el cerebro, y a las ocho semanas se consigue despejar la mente por completo y aliviar el estrés. No hace falta pasarse el día meditando, basta con hacerlo durante unos minutos para aprovecharte de todos sus beneficios. Si todavía no lo has probado… ¿a qué estás esperando? Te contamos todo lo que debes saber (y hacer).

Calma para tu mente

Meditar cada día no solo te ayudará a desmontar los pensamientos negativos, sino que también lograrás crear espacio entre ellos. Para que lo entiendas mucho mejor, una mente llena de pensamientos negativos es como un cielo muy nublado. A medida que avanzamos en la meditación ese cielo se va despejando y van apareciendo claros que dejan ver por fin el sol y un sereno y placentero cielo azul.

Pero... ¿qué es meditar?

Si nunca has meditado lo más probable es que te preguntes: ¿hay que sentir algo o basta con dejar la mente en blanco? Lo primero que hay que entender es que la meditación es a la mente, lo que el gimnasio es al cuerpo. La meditación es un entrenamiento, pero mental. Y dista mucho de ‘poner la mente en blanco’, al contrario, al meditar hacemos algo mucho más práctico: desarrollar cualidades como la atención plena, el optimismo o la relajacion, aunque también sirve para gestionar dificultades como el estrés, o la ansiedad.

La constancia es clave

La clave del éxito en la meditación es la constancia: meditar 10 minutos al día es mucho más eficaz que darse un atracón de dos horas una vez por semana. Por eso es fundamental crear un hábito. Para ello hay dos factores imprescindibles: buscar un lugar tranquilo donde nada ni nadie te moleste y, sobre todo, sacar algo de tiempo cada día, sin excusas. No importa si es antes de ir a trabajar, después de cenar o justo antes de dormir. Siempre es buen momento para intentarlo.

Comienza con meditaciones de 2-4 minutos diarios, si eres constante en pocas semanas conseguirás llegar a los 30 minutos

Elige siempre una postura cómoda

La postura que normalmente se recomienda para meditar es sentada, con la espalda recta, hombros relajados y manos en las rodillas, porque es una postura que invita a la concentración. Dedica algo de tiempo a colocarte correctamente, porque después no podrás moverte, ya que el objetivo es ‘abandonar’ tu cuerpo para centrarte solo en tu interior.

La meditación ayuda a equilibrar el sistema nervioso, por eso es una herramienta tan útil para combatir la ansiedad