El impacto que ejerce el deporte en nuestro cuerpo es mucho mayor del que realmente suponemos, ya que puede ayudar a mitigar y mejorar problemas de salud. ¡Escoge el más adecuado para ti!

Yoga

Somos una combinación de cuerpo, mente y espíritu. Una irregularidad a nivel físico afecta el plano mental y del mismo modo, cualquier inquietud presente en la mente puede acabar pasando factura al cuerpo más sano. El yoga ayuda a reducir el nivel de cortisol (la hormona del estrés) y está demostrado que unos niveles de cortisol elevados pueden provocar cambios de humor, aumento de peso, dolores musculares e incluso problemas digestivos.

  • Nuestro cuerpo ha sido diseñado para moverse, sin embargo, seguimos pasando demasiadas horas sentadas, lo que provoca que el cuerpo se oxide y, como consecuencia, perdamos movilidad. El yoga es una herramienta perfecta para devolver al cuerpo su movilidad y elasticidad natural así como para mejorar nuestra postura.
  • ¿Más? Hace más lenta la respiración y ayuda a equilibrar el sistema nervioso, favoreciendo la relajación, reduciendo el ritmo cardíaco y la presión sanguínea, y reforzando el sistema inmunológico.

Ciclismo

En España se estima que más de un 20% de la población sufre de insomnio. Dar pedales es un antídoto perfecto para combatirlo y lograr conciliar el sueño con facilidad, especialmente ahora en verano, que nos cuesta todavía más. Eso sí, deben pasar al menos 3 horas desde que te bajes de la bici hasta que te vayas a la cama, para que tu cuerpo tenga tiempo de bajar la temperatura corporal.

  • Además, gracias a la posición que adoptamos sobre la bici, se fortalecen los músculos de la zona lumbar de la columna y, por consiguiente, se mejora la resistencia de la espalda y se disminuye la posibilidad de sufrir hernias. Pero recuerda, siempre debes tener el torso inclinado hacia delante, para evitar posibles lumbagos y tirones.
  • Si aún tienes dudas, debes saber que el ciclismo alarga la vida. Un estudio reciente demostró que las personas que montan en bici regularmente viven de media 8 años más.

Natación 

Nadar es la actividad de resistencia por excelencia porque te obliga a estar en constante movimiento, tanto si avanzas como si te quedas suspendida en el agua, realizando así un ejercicio aeróbico continuo que es muy beneficioso para la salud, ya que ejercita el corazón sin excesos (con 3 o 4 sesiones por semana es suficiente). Además, favorece la circulación de la sangre y combate las varices.

  • También, la natación implica el uso de las extremidades y de los grupos musculares de forma coordinada, lo que ayuda a retrasar el proceso de envejecimiento. Eso ocurre porque aumenta la flexibilidad, con lo que se consigue combatir los problemas relacionados con la edad, como los dolores musculares.
  • Pero hay más beneficios, los ejercicios de respiración que se ponen en práctica al nadar ayudan a oxigenar el cerebro, lo que tiene un efecto protector y, en concreto, nadar regularmente reduce el riesgo de demencia en un 36%.
  • Como en cualquier actividad física, al nadar existe riesgo de lesión. Hay que tener mucho cuidado con la técnica, ya que solicita movimientos continuos de brazos (requiriendo mucha movilidad de hombros), espalda y piernas. Y nunca hagas sobreesfuerzos.