10 errores que te impiden adelgazar

Matarte de hambre no solo no te ayuda a adelgazar sino que pone en peligro tu salud. Pero hay más factores que hacen que perder peso a veces se nos haga cuesta arriba

La dieta y el ejercicio son fundamentales a la hora de adelgazar, ya lo sabemos, pero a veces no nos damos cuenta de que hay ciertos errores cotidianos que nos impiden cumplir nuestro objetivo. Te contamos qué es lo que puedes estar haciendo mal.

Abusar de alimentos light

Es uno de los errores más comunes en las dietas de adelgazamiento: Sustituir ciertos alimentos o snacks por sus versiones dietéticas o light. Sin embargo, muchos de estos productos, como pueden ser algunas barritas de cereales, pueden contener tantas o más calorías que una chocolatina. Por ello revisa las etiquetas de los productos en el supermercado. Y recuerda que siempre es preferible elegir alimentos naturales y dejar los procesados.

Comer muy rápido

Comer demasiado rápido, mirando el móvil o la televisión y sin masticar correctamente también hace engordar. Los alimentos bien triturados ayudan al proceso digestivo, facilitando que el estómago haga la digestión en menos tiempo y de forma más ágil. Además, la sensación de saciedad tarda unos 15-20 minutos en llegar a tu cerebro, así que tómate tu tiempo y disfruta de cada bocado con tranquilidad.

Excederse con el gas

Aunque es cierto que muchos refrescos gaseosos contienen pocas calorías, eso no quiere decir que no influyan negativamente en tu peso. Si bien hay controversias al respecto, parece ser que los edulcorantes producen un efecto parecido al del azúcar en tu organismo. Éstos activan la insulina, lo que provoca hipoglucemia y, a su vez, una mayor tendencia a acumular las calorías sobrantes de la dieta en forma de grasa abdominal, además de aumentar el apetito entre horas. Y además, las bebidas con gas aumentan la presión arterial, así que si tienes la tensión alta es mejor evitarlas.

Saltarse la merienda

Seguro que en más de una ocasión has pasado por alto este detalle, sin embargo, la merienda es una de las comidas más importantes del día, ya que consigue controlar el hambre y la ansiedad manteniendo los niveles de glucosa estables. Puedes incluir un lácteo desnatado, algo de fiambre e incluso un puñado de frutos secos. Además, mantendrás activo tu metabolismo y quemarás calorías más rápidamente.

No dormir lo suficiente

Dormir poco también puede hacerte engordar. La falta de sueño crónica interfiere en las hormonas implicadas en el control de nuestro peso y en el centro de recompensa de nuestro cerebro.  Si no duermes lo suficiente alteras el metabolismo, lo que suele acabar con la consecuencia de comer peor y tener más ansiedad de dulce.
¿Lo recomendable? Entre 7 y 9 horas al día.

Olvidarse de la fruta

El zumo, incluso si es natural, no es equivalente a la fruta. Al exprimir la pieza de fruta estás desperdiciando toda la fibra y quedándote con la fructosa (azúcar) en estado líquido. La fibra es donde está la mayoría de nutrientes y, además, es el elemento clave que te hace sentirte saciada. Por ello, recuerda tomar al menos 3 piezas de fruta al día, a poder ser frescas. Eso si, intenta evitar el coco, el plátano, el mango y los higos, ya que son las frutas más calóricas.

Comer demasiado poco

Las dietas muy restrictivas o el hábito de comer demasiado poco también repercute de forma negativa en nuestro peso. Y es que nuestro organismo tiene medios para defenderse ante las situaciones de carencia y una de ellas es absorber al máximo el poco alimento que tomamos. Cuando no hacemos las ingestas adecuadas llevamos a nuestro cuerpo a un estado de “ahorro energético” el cual disminuye el gasto calórico en reposo y acaba acumulando grasa. Por lo tanto, pasar hambre nunca será una buena opción.

Cenar muy tarde

Aunque cenar tarde es una costumbre muy española, otra de las claves para mantenerte en tu peso ideal es no cenar justo antes de acostarte. Lo ideal es no hacerlo más tarde de las 9 de la noche y siempre intentado que sea una cena ligera. Además, si puedes, hazlo tres horas antes de irte a la cama, ya que es el tiempo que necesita el cuerpo para hacer la digestión y conciliar bien el sueño. Y, si te entra el apetito nocturno a última hora y no puedes evitar picar algo, puedes recurrir a un poco de fiambre de pavo, unas cuantas almendras o una zanahoria cruda.

Vivir con mucho estrés

Cuando estamos nerviosas nuestro cuerpo nos pide consumir más alimentos grasos y azucarados, ya que éstos activan las zonas de placer del cerebro y nos hacen sentir mejor. Pero no sólo eso, el cortisol, una de las hormonas del estrés, también hace que acumules grasas, porque impulsa el aumento de peso. Por todo esto, es muy importante que la vitamina C esté presente en nuestra dieta y no sólo para la formación de serotonina, sino también para la de otros neurotransmisores relacionados con el bienestar mental y el estado de ánimo como son la dopamina y la noradrenalina. ¿Dónde la encuentras? En los pimientos, los cítricos, el kiwi y las fresas. ¡Imprescindibles!

No beber suficiente agua

Cuando bebemos poco líquido, nuestros riñones trabajan más lento y se acumulan más toxinas en nuestro organismo. Por ello es fundamental beber al menos dos litros de agua al día, para mantenerte hidratada y evitar la temida retención de líquidos. Si puedes, hazlo fuera de las comidas, obtendrás una mayor sensación de saciedad y, por tanto, ayudarás a reducir la ingesta posterior de calorías. Si te cuesta, puedes probar con agua con limón o hierbabuena.