Testimonio: «Me enteré de mi embarazo tras romper con mi novio»

Marina nos cuenta cómo afrontó su maternidad en solitario después de poner punto final a una relación tóxica. Un testimonio que nos demuestra que a veces una decisión inesperada nos cambia la vida

Detrás de cada una de nosotras hay una historia. A veces triste, a veces alegre, pero siempre fascinante. Queremos que nos las contéis. Esta es la de Marina.

«De pequeña decía que un dia me casaría con un príncipe azul y viviríamos en un castillo con todos nuestros hijos y mis dos mejores amigas. Cuando crecí decidí que no quería saber nada de los chicos, que nunca tendría hijos y que prefería una casa en la playa de Zahara de los Atunes. Mis mejores amigas eran ya más de veinte y planeábamos comernos el mundo, triunfar en nuestras profesiones…

Las cosas nunca salen como las habíamos planeado, pero en general yo no me podía quejar. Tenía 37 años, un trabajo que me encantaba y a Carlos. Creí haber encontrado a mi príncipe azul, aunque aún seguía trabajando en lo del castillo y los niños, el único punto en el que discutíamos a veces. Yo no me veía como madre y Carlos se moría por tener hijos.

4Decir adiós

Al final me convenció y nos pusimos a ello, pero no conseguía quedarme embarazada… El médico nos dijo que no nos agobiáramos, que nos diéramos tiempo. Pero la paciencia no era nuestro fuerte, las discusiones eran cada vez más frecuentes y llegamos a un punto en que el sexo de reconciliación ya no nos compensaba. Por desgracia esperamos demasiado y cuando decidimos separarnos no fue en los mejores términos.

Justo tres semanas después descubrí que estaba embarazada y también que Carlos estaba viviendo ya con otra chica. Tener un bebé justo en ese momento no me venía bien. No era el momento adecuado, pero pensé ¿cuándo lo sería? De repente imaginarme con un bebé ya no me parecía tan mala idea y afrontar la maternidad en solitario no me daba miedo. Además, tenía a mi madre, a mis tías, a mis hermanos… habría un montón de gente a mi lado ayudándome y apoyándome.

3Una decisión trascendental

Nunca he creído que un niño necesite a un padre y a una madre. Necesita cariño y punto. Y de eso mi bebé iba a tener a montones. Económicamente también podía permitirme asumir todo lo que se me venía encima, y al tener mi propia empresa me organizaría sin problemas. Pero la cuestión era otra. ¿Tenía derecho a ocultarle a Carlos que iba a ser padre? Yo, que siempre he defendido la libertad de elegir, de tomar nuestras propias decisiones… de repente quería ocultarle algo tan trascendental a una persona que había formado parte de mi vida durante años.

Pensar en volver a verlo y saber que el resto de nuestras vidas íbamos a tener que estar conectados no me hacía ninguna gracia. Y a él le iba a pasar lo mismo. Total, que fui aplazando el momento, dejando pasar el tiempo, como si eso fuera a ayudar…
Hasta que mi hermano, que nunca había tragado a Carlos, me pilló por banda y me dijo que no fuera cobarde, que diera un paso al frente y hablara con mi ex. Que me pusiera en su lugar porque, si no, el resto de mi vida sería como una losa en mi conciencia, y lo que es peor, algún día, Lucas, mi hijo (sí, era niño) querría respuestas y yo no sabría dárselas.

2La llamada

Descolgar ese teléfono fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Cuando saltó el contestador mi primer impulso fue colgar sin decir ni una palabra. Pero le eché ovarios y le dejé un mensaje: “Carlos, soy Marina, ha pasado algo y tenemos que hablar. Llámame por favor”.

Tardó una semana en hacerlo. Siete días en los que recé que no lo hiciera, que pasara de mí y me dejara vía libre para seguir toda la aventura sin él. Pero no tuve esa suerte. Cuando escuché de nuevo su voz y ese tono condescendiente que casi no recordaba supe que había cometido un grandísimo error. “A ver, ¿qué has hecho esta vez?”, me dijo. Y me dieron ganas de decirle: “Una tontería, la mayor estupidez de mi vida”. Pero me mordí la lengua y le pedí que nos viéramos, que había algo importante que tenía que saber. Él no quería y tuve casi que suplicar… Supongo que pensó que iba a pedirle que volviéramos y se estaba haciendo de rogar.

Cuando al final nos encontramos, la verdad es que no hizo falta decir nada. Mi bombo de casi seis meses hablaba por sí solo. Ni siquiera me preguntó si él era el padre, cosa que le agradezco, la verdad. Pero su cara era un poema. No lo quería. Él no quería a ese hijo y ni siquiera lo disimulaba. Me preguntó por qué había tardado tanto tiempo en decírselo y cuando le contesté que era porque no estaba segura bajó la mirada y dijo en bajito. “Ojalá no lo hubieras hecho”…

1«No te necesitamos»

Y yo me rompí. Porque había estado meses rompiéndome la cabeza, diciéndome que Carlos tenía todo el derecho a saber que iba a ser padre, debatiéndome entre llamarlo o no, y resulta que sí, puede que tuviera ese derecho, pero no se lo merecía.
Y no me callé. Se lo dije. O más bien se lo grité allí, en medio de la cafetería, mientras Carlos se encogía y se iba haciendo cada vez más pequeño. Dijo que me tranquilizara, que me estaba poniendo histérica y que hablásemos como adultos, que ya era demasiado tarde para hacer algo, claro, pero… Y yo me enfurecía aún más.

¿Tantos quebraderos de cabeza para esto? Anda ya. “Tranquilo tú, Carlos. Nosotros ni te queremos ni te necesitamos”. Y me fui con la cabeza bien alta. Llorando, pero aliviada.
Carlos no volvió a dar señales de vida, lo cual hizo todo mucho más fácil. Al principio pensaba en qué pasaría si cambiaba de opinión y regresaba, pero la verdad es que había muchas más cosas que ocupaban mi tiempo. Y lo peor de todo es que nunca lo eché de menos. Y eso es triste.

Mi hermana Paloma me acompañó a las clases de preparto, mi padre se quedó casi sin puntos en el carné cuando me llevó al hospital saltándose todos los semáforos de Madrid y todo el mundo se turnó para que durante las primeras semanas no estuviera sola en casa en ningún momento. Bueno, en realidad no estaba sola porque tenía al pequeño Lucas conmigo, claro.
Y resultó que al final mi príncipe azul me encontró a mí«.