Historias reales: «Elegimos adoptar un hijo con síndrome de Down»

Terry y Chiqui siempre tuvieron claro que querían realizar una adopción especial y cuando sus dos hijos tenían 8 y 5 años, decidieron hacer el ofrecimiento. Un día llegó la esperada llamada: una niña con síndrome de Down necesitaba una familia. Y llegó Claudia, la pequeña guerrera que ha llenado de alegría su hogar

Claudia nació con apenas 1’400 kg de peso, tenía síndrome de Down, muchos problemas de salud y había sido abandonada por sus padres biológicos. Tenía pocas posibilidades de salir adelante, pero el amor de una familia le hizo luchar por vivir.

Hoy, cuatro años después, la madre de la pequeña, Terry Gragera, periodista de 47 años, nos cuenta cómo ha sido esta carrera de fondo en la que le acompañan su marido, Chiqui Alonso, profesor de 48 años, y sus otros hijos, Ada, de 15, y Teo, de 12.

“Siempre tuvimos la idea de adoptar. Al principio, no pensábamos que tenía que ser un niño con discapacidad, aunque nos conocimos siendo voluntarios y estábamos en ese mundo. Pasó el tiempo, nacieron Ada y Teo, y cuando tenían 8 y 5 años, respectivamente, retomamos la idea.

Una decisión que cambió su vida

Mi marido y yo pensábamos en una adopción especial, como un niño mayor o un grupo de hermanos, pero decidimos que si nos veíamos capacitados para adoptar a un niño con discapacidad, por qué no intentarlo.

Lo comentamos con nuestros hijos, nos dijeron que estaban de acuerdo y nos lanzamos. Llevábamos unos cuantos meses en la lista de espera de adopción especial cuando nos llamaron para hablarnos de una niña con un informe médico demoledor. Había nacido prematura, con síndrome de Down, muchos problemas y estaba ingresada, pero no lograban sacarla adelante.

Las adopciones se formalizan cuando el niño ha salido del hospital, pero los médicos se dieron cuenta de que Claudia necesitaba el calor de una familia para seguir viviendo. Y ahí fue cuando entramos nosotros. Nos dieron con tres semanas de vida y fue impresionante cómo empezó a mejorar cuando sintió que no estaba sola y tenía por quién vivir.

El amor de una familia

En cuanto nos la entregaron, hicimos el método madre-canguro y eso le permitió salir adelante. Venía con un respirador, comía por sonda, no había abierto los ojos y sentir nuestro calor fue lo que le hizo aprender a respirar, porque acompasaba su respiración con la nuestra. Tuvimos que enseñarle a comer, al principio con gotitas como un pajarillo…

Fue un proceso de amor. Por eso yo sé que el amor cura, porque lo he vivido.

La reina de la casa

Aunque se garantiza la confidencialidad de su origen, sí nos contaron en qué circunstancias se había desarrollado, y supimos que el motivo del abandono había sido por tener síndrome de Down. Y es que su familia de origen no se vio con fuerzas para afrontar la situación.

Quiero remarcar que estas personas alcanzan una autonomía importante, tienen una calidad de vida extraordinaria, son muy felices y dan mucha alegría. Son un regalo para la familia, porque permiten vivir la vida con unos ojos más puros y solo se fijan en lo importante.

Hay momentos complicados, porque algunos tienen problemas de salud, como nuestra hija. La diferencia y lo desconocido también asustan, pero cuando se supera eso…

Años complicados

Estos primeros años han sido complicados. Hemos tenido que operarla de corazón y ha tenido bastantes ingresos por problemas respiratorios, por lo que la rutina de la familia se ha trastocado.

Mis hijos mayores adoran a su hermana, nunca cuentan que es adoptada ni que tiene síndrome de Down, solo dicen que son tres hermanos.

Sí les ha costado, como a cualquier niño, vivir los problemas de salud de Claudia, porque cuando alguien está enfermo, toda la familia lo sufre. Pero pensamos que es una riqueza para nuestros hijos y lo será en un futuro tener una hermana con síndrome de Down, porque les va a permitir vivir la vida con otros valores.

Como es lógico, no todo ha sido un camino de rosas. Estábamos preparados para acoger a un niño con discapacidad, pero no, como no lo está ningún padre, para vivir la enfermedad de un hijo. Eso ha sido lo más duro.

Y luego, hay otra situación que nos ha costado mucho y es que, aunque la niña ha sido muy bien aceptada en general, pensábamos que por parte de algunos amigos la aceptación iba a ser de otra forma y no fue así. Ese desengaño ha sido doloroso.

Renuncias y ayudas

Ha habido que hacer ciertas renuncias… Yo soy periodista y el primer año tuve que dejar de trabajar porque Claudia estaba muy delicada. No podía salir de casa y teníamos continuas revisiones médicas.

Luego me incorporé a jornada reducida, pero, finalmente, tuve que dejar la redacción porque necesitaba flexibilidad por su salud y me hice autónoma para poder atenderla a ella y a sus hermanos.

Es importante la ayuda con la que cuentes y la salud del niño, aunque es cierto que la discapacidad precisa más atención porque hay que ir a terapias de atención temprana y si hay patologías, a médicos.

Mi marido y yo hemos hablado sobre cómo afrontar el momento de hablar con ella sobre su origen. Por suerte, tenemos dos familias de amigos que han adoptado dos niñas con síndrome de Down, que son más mayores, y nos vamos guiando por lo que nos van contando.

Dependiendo del nivel cognitivo que alcance, le explicaremos las cosas. No creemos que sea un problema por lo que vemos con los hijos de nuestros amigos.

Lo que importa es el amor que le damos y Claudia tiene con nosotros un vínculo tremendo. Parece que la he tenido en mi vientre. Pensará que somos sus padres y lo verá de una forma natural porque estas personas no tienen dobleces.

El futuro

En cuanto al futuro, siempre digo que no sabemos el de nadie. Confío en que Claudia sea lo suficientemente autónoma como para poder vivir en un piso tutelado, que tenga su trabajo y a sus hermanos para apoyarla. Va a un magnífico centro de Educación Especial donde están formándola.

No tengo ningún miedo con ella distinto a los que tengo con mis hijos mayores.Confiamos en que cuando no estemos nosotros, se tendrán ellos tres para apoyarse.

Y como pareja, es verdad que los primeros años han sido muy intensos y duros, pero la llegada de Claudia nos ha fortalecido. Lo hemos conseguido juntos, la hemos sacado adelante y eso es un orgullo.


Hoy, Claudia tiene 4 años, padece una cardiopatía de la que está operada y sigue con sus revisiones. Desde el punto de vista respiratorio, no tiene ninguna patología grande, aunque tiene apnea por lo que debe dormir con un aparato. La vista la tiene regular: está en la ONCE y tiene una calidad de visión baja. Ese es ahora nuestro caballo de batalla, pero se defiende superbién. Y cognitivamente, su prematuridad ha ido lastrando su desarrollo, pero tiene muchas ganas de aprender. Es muy feliz y sociable. Sus pasos son lentos pero siempre va hacia adelante. Su ritmo es así y estaremos ahí acompañándola”.