Lleva casi 15 años viajando con famosos por el mundo para su programa Planeta Calleja (Cuatro). Pero antes de codearse con personalidades y ser una estrella de la televisión, Jesús Calleja (56) ascendió en 2005 al monte Everest (8.848 metros de altura), conquistó las Siete Cumbres (las montañas más altas de cada continente) y durante 16 años, estuvo trabajando como guía en expediciones por el Himalaya y los Alpes. Todo eso mientras se ocupaba de la peluquería que heredó de sus padres. Hasta que, finalmente, decidió dejar el negocio familiar para volcarse de lleno en su pasión por la aventura, los viajes y la montaña.

Parece increíble que tus inicios profesionales fueran como peluquero.

Era una vida que servía para procurarme recursos económicos. Ser peluquero no me gustaba y tampoco era lo que quería, pero era la profesión de mis padres y era lo más fácil para mí. Yo era muy bueno cortando el pelo. De hecho, gane un premio al mejor peluquero de España.

Hasta que un día decidiste dejarlo todo.

Nadie lo entendió. León es una ciudad pequeña en la que todos nos conocemos y nosotros teníamos una peluquería de dos plantas. Llegué a tener a once peluqueros trabajando para mí y, de la noche a la mañana, cuando mejor nos iba y cuando más dinero estábamos ganando, lo cerré. Cuando yo tengo un plan y quiero cambiar de vida, siempre pongo fecha y ese día y a esa hora, eso ocurre y pase lo que pase ya no hay marcha atrás…

¿Y no te costó tomar esa decisión?

Cuesta tomar decisiones, pero cuando lo planificas bien es todo lo contrario. Para mí es una excitación. De hecho, ahora la televisión ya es la etapa de mi vida en la que más tiempo llevo porque, entre otras cosas, reúne todas las cosas que yo buscaba. Puedo viajar a cualquier lugar del mundo, tengo invitados que se han convertido en grandes amigos, tengo presupuesto para ir a esos lugares… y por eso es la etapa más larga de mi vida, pero antes mis etapas eran más cortas.

Un cambio de vida que comenzó hace catorce años cuando Mediaset decidió apostar por ti.

Realmente mi vida no ha cambiado tanto. Yo siempre he hecho lo mismo. Siempre me ha gustado viajar, viajar con amigos… Simplemente un día decidí que no quería que aquello solo fuera un hobby sino un medio de vida. Sigo haciendo lo mismo, lo que pasa es que ahora lo hago con famosos. Se ha convertido en un producto televisivo, pero es mi vida.

Jesús Calleja

De todos los países que has visitado, ¿con cuál te quedas?

Nepal. Fue uno de mis primeros viajes con 18 años y me emocionó. Las montañas, los valles, las aventuras… me convertí en un guía y se convirtió en una obsesión descubrirles el país a los que venían y enseñarles que no somos el ombligo del mundo.

¿En un guía?

Sí, yo llevaba a clientes que querían escalar grandes montañas. Ese era mi trabajo y, además de alcanzar esas cimas, querían que tuvieran una visión del país y de la gente. A lo mejor alguien sin tantas capacidades económicas te puede enseñar mucho más que los que más tienen.

¿Eso es lo que quieres mostrar en tus programas de televisión?

Me gusta hacer una televisión de verdad que no sea de cartón piedra. No me gusta presentar algo con una sonrisa falsa. Lo que haga tiene que ser real. Si me divierto, me divierto. Si no me gusta, no me gusta. Si me enfado, me enfado. Sé lo que ocurre y tiene que ocurrir. De hecho, ponemos las cosas que ocurren con espontaneidad, porque parece que siempre y cuando hacemos un programa intenta dejar algo impecablemente armado y la vida no es así. La vida está llena de incoherencias y de imperfecciones. Creo que le dota mucha realidad cuando también tiene las imperfecciones que tiene. Es una cuestión de vida.

Tienes fama de deportista y aventurero, ¿te cuidas mucho?

De pequeño fui un niño que padeció muchas enfermedades y muy endeble. Por mi trabajo tengo que cuidarme mucho y considero que tengo una vida bastante saludable. Eso sí, como habrás comprobado en las distancias cortas soy poca cosa, es mi genética.

¿Cómo pasa un niño endeble a convertirse en el gran aventurero de la televisión?

De pequeño era un niño enfermizo que siempre cogía todas las enfermedades, que era enclenque y tenía siempre las defensas muy bajas. Esto ha sido todo un proceso y desde muy joven me di cuenta de que la solución estaba en mí y en mi cabeza. Todo lo que no puede hacer el cuerpo, lo puede hacer la cabeza y todo lo que he hecho en mi vida lo he hecho con la cabeza. No tengo un cuerpo que destaque especialmente en nada.

¿Fue tu padre quién te inculcó la pasión por la aventura?

Mi padre me lo pegó porque era muy aventurero. Él me contaba sus historias cuando era pequeño y yo me las quedaba en mi memoria… Y me influenció tanto que al final he acabado donde he acabado.

Has viajado por todas partes del mundo, pero nunca has dejado de vivir en tu pueblo de toda la vida.

Vivo en un pueblo de León. Ese es mi remanso de paz y vivo donde quiero vivir. Vivo en el mundo rural, vivo en el bosque, vivo rodeado de naturaleza… Llevo casi 30 años allí, mis amigos son los de siempre, no ha cambiado nada en mi vida y sigo haciendo lo que me gusta y lo que me apetece.

Una de las amistades que más han sorprendido es la que mantienes con el torero Cayetano Rivera. Lo digo por tu pasión por los animales…

Porque lo que para mí es bueno, puede no serlo para ti. Y al revés. De hecho, cuando a veces me descubro un prejuicio, me da rabia porque no me gusta tener ningún tipo de prejuicios con nada ni con nadie. Tenía ganas de conocer la visión de un torero, nada más. Le quería convencer de que hay cosas que cambiar y al final siempre hay cosas que tú aprendes. Él me explicó cosas de por qué un toro de lidia, si no se torea, deja de existir. Y tuve que reconocer que a lo mejor en ese lado tenía razón. O sea, no se puede siempre defender una postura al cien por cien. Hay muchos matices en el camino, hasta tal punto que yo me he convertido en un buen amigo de Cayetano. Alto y claro. Somos amigos y hablamos.

Jesús Calleja invitados

¿Quién ha sido tu invitado favorito?

Por ejemplo, hablando de prejuicios, pues cuando llevé a Ana Botín, imagínate la mujer más influyente del mundo, según Forbes, dudé de cual sería el resultado. Y al final resulta que era una mujer majísima, como todos. Donde se dio muchísimo en el programa, donde nació una amistad, durante el rodaje del programa y, donde una vez más, el prejuicio casi me juega una mala pasada.

Tienes muy buena relación con tu hijo, al que adoptaste en Nepal. ¿Cómo es vuestra relación?

La libertad es la bandera de mi vida. La libertad y la comprensión. Nunca juzgar a nadie absolutamente por nada y la libertad de hacer y deshacer. Por lo tanto, yo no tengo que darle ninguna instrucción a mi hijo porque probablemente el tenga más cuidado que yo en la vida. Y ahora estoy muy feliz porque, entre otras cosas, él estudió electrónica, pero por avatares de la vida, ahora es mi mano derecha, me lleva la agenda, me lleva a los sitios, me trae y me recuerda todo lo que tengo que hacer. Tenemos una relación muy abierta en todos los aspectos y muy positiva.

Se nota que tienes mucha unión con él.

Es maravilloso trabajar al lado de tu hijo, un hijo que es de adopción, un niño que venía del Nepal con una vida que no te voy a describir dónde no hubiera sobrevivido si no hubiera sido por mí. Los hijos son los que tienes naturalmente y los que también, por avatares de la vida, acaban convirtiéndose en tus hijos. Yo no tengo un hijo biológico pero lo que yo siento por este chaval es inmenso.

Con tu hermano Kike también mantienes una relación especial.

Siempre hemos sido dos niños muy unidos. Yo tengo que llamar todos los días a mi hermano y a mis padres. Si no les llamo me matan. Tengo un teléfono satélite, porque hay muchos países a los que viajo en los que no hay ese servicio y a mi madre le da igual que esté en el Polo Sur ¡Si no la llamo me mata! Y mi hermano igual…Estoy muy unido a mi familia y eso para mí es un privilegio. Mi familia es mi nido. Siempre digo que tengo dos familias, la que me ha tocado, que es maravillosa y la que he elegido que son mis amigos. Tengo la misma pandilla desde que era un niño y jugábamos por las calles de León. Así que te puedo decir que tengo dos familias estupendas.

¿Qué destacarías de ti?

Pues mira, yo diría que esté la cámara delante o no soy exactamente el mismo. No hay ni una variante, no hay nada que cambie mi sentido del humor. Fue lo que quise transmitir en plena pandemia. Por ejemplo, cuando todo el mundo estaba agobiado sabiendo la mierda que era esto. Yo intenté usar el poder de las redes sociales, para generar optimismo a la gente. Me obsesioné con la ciencia y me dediqué a entrevistar a los científicos más relevantes del momento que estaban buscando la llave para las vacunas. Y muchas veces me tachaban de optimista y luego la realidad es que un año después hubo una vacuna, tal como predecían aquellos expertos, gente que estaba en el optimismo. Siempre visualizamos lo peor como humanos, pero luego la realidad es mucho más benévola.

¿Qué haces cuando no estás grabando tus programas?

Yo pienso que no necesito descansar nunca. Ya me obligo a descansar por la noche porque nuestro cuerpo tiene que dormir ocho horas, pero si hubiera una pastilla que me pudiera tomar para no dormir, me la tomaría, porque me falta tiempo para hacer todo lo que me gustaría. La clave de que pueda hacer toda la actividad que tengo reside en que tengo mucha autodisciplina y el entrenamiento, que para mí es sagrado.

Además...

¿Sabías que...?

Desde 2014, se emite en Cuatro Planeta Calleja, un programa en el que el aventurero leonés ha sonseguido ‘convencer’ a personalidades de todo tipo para que viajen con él a algunos de los lugares más exóticos del planeta. No solo es un viaje turístico, Jesús también consigue que se abran, que muestren su lado más humano y menos conocido, que le hagan confidencias y también que demuestren de lo que son capaces.