Aunque formado sobre las tablas de los teatros, el sevillano José Manuel Seda es un habitual de la pequeña pantalla y, este último año, ha formado parte de tres de las grandes series del momento: Madres. Amor y vida, La casa de papel y Toy Boy.

¿Se han cumplido todos tus sueños profesionales?

De momento se ha cumplido uno muy importante, que es vivir de mi profesión, que ya es mucho. Pero afortunadamente todavía me quedan muchos por cumplir, porque a medida que vas cubriendo etapas, tu necesidad de crecer hace que te apetezca afrontar retos cada vez más complejos.

¿Y los personales?

Pues un poco de lo mismo. Porque nuestra profesión está muy ligada a la vida. Por ahora he alcanzado cierta estabilidad personal, lo cual agradezco, pero la vida también impone retos que uno debe aprender a hacer frente. Ser feliz lleva toda una vida.

¿Qué papel marcó tu carrera?

Han sido muchos. Desde el primero, con el que debuté en el teatro, el primero que me hizo a darme a conocer en Andalucía en la serie Plaza Alta, de Canal Sur, pasando por el que me dio a conocer a nivel nacional en Yo soy Bea, y llegando al de La casa de papel, que espero que amplíe el conocimiento que de mi trabajo se tiene a nivel internacional.

Si no te dedicaras a lo que haces, ¿qué otra profesión hubieras elegido?

La verdad es que después de 30 años en este, me cuesta imaginarme haciendo otra cosa. Antes de dedicarme a esto, trabajé en lugares diversos. Incluso llegué a presentarme a las oposiciones a la Policía local de Sevilla. Pero la vida, si sabes oírla, y te atreves a dar el paso, te lleva por el camino adecuado.

¿Cuál es tu asignatura pendiente?

Tal vez tratar de no llevarme el trabajo a casa. De vivirlo con la misma intensidad, pero con menos carga de responsabilidad. Nuestro trabajo está siendo constantemente juzgado y tienes la sensación de que cualquier error puede poner tu carrera en entredicho.

¿Cuál es tu mayor virtud?

Pues eso tendrían que decirlo los demás. Pero me considero un buen profesional, más allá de los resultados artísticos, que como decía antes, otros juzgarán.
Un momento inolvidable de tu vida.
Mi debut profesional. Las pérdidas de los seres más queridos, una de ellas muy reciente. Los atardeceres en el mar al lado de mi pareja…

¿Qué te enamora de una pareja?

La sencillez, la naturalidad, la bondad, la calma… Y por supuesto la belleza, pero sin los ingredientes anteriores, la belleza se aja rápidamente.

¿Qué viaje tienes pendiente para hacer?

Pues, por ejemplo, Praga. El sudeste asiático, Nueva York… Me quedan tantas por ver…

¿Qué es lo que más te cuesta perdonar?

Suelo ser de buen perdonar, pero a veces es duro ver como la avaricia, la ambición desmedida, o el egoísmo, se impongan a la lealtad en las relaciones humanas.

¿Qué tal te manejas con las labores del hogar?

Me manejo bien, porque me fui joven de casa de mis padres y he vivido mucho tiempo solo. Pero me gusta más cocinar que fregar o planchar. Se me dan bien los pescados, los guisos tradicionales, la cocina asiática, los arroces…

¿Cuáles son los valores básicos de tu vida?

Vivir (honradamente) y dejar vivir. Intentar ser feliz sin joder a nadie. Hacer mi trabajo lo mejor posible. Y dar y recibir amor…

¿Qué has aprendido de tus fracasos? ¿Y del éxito?

“Unas veces se gana y otras se aprende”. Del éxito se aprende poco.

¿Qué has ganado con los años?

Calma y paciencia.

Además...

¿Sabías que...?

Nació en Sevilla el 10 de agosto de 1968. Su debut profesional fue con la obra Doña Rosita la soltera, en 1991. Entre sus novelas preferidas se encuentran Rayuela, de Cortázar, y Kafka en la orilla, de Murakami. Le gusta nadar, montar en bici y acudir al gimnasio. Stevie Wonder es su artista de cabecera: “Lloré cuando lo vi en directo”.