Marlene, apodo que ella misma se puso de joven como unión de su nombre real Marie Magdalene, fue alemana de nacimiento, pero estadounidense de adopción. Nació en 1901 y creció en el seno de una familia acomodada de Schöneberg, ciudad anexionada en 1920 a Berlín. Su padre, un oficial de policía se casó con la hija de una saga de joyeros y relojeros alemanes.

Marlene fue la hija menor del matrimonio y compartió con su única hermana Elisabeth, la educación prusiana que sus padres les impartieron. Una educación muy estricta y que reunía varias disciplinas, como el francés.

Sin embargo, la famosa actriz tuvo claro desde edades muy tempranas que, su gran interés era el mundo del espectáculo, el cine y el teatro. Los primeros años de su juventud vinieron marcados por su afición artística a la poesía, el teatro y el violín. Su padre falleció cuando ella era muy pequeña, hecho que acabaría marcando su vida.

La noche de Berlín

La joven y bella Marlene, que quería probar como artista, pronto se subió a los escenarios de algunas de las tabernas y clubes de ocio del Berlín de aquellos años. Corista de cabaret y actriz en espectáculos revista, en 1922 quiso estudiar en la Escuela de Interpretación de Max Reinhdart. Sin embargo, fue rechazada en un primer momento.

Finalmente consiguió entrar y, el director, le ofreció empleo como corista y pequeños papeles en varias obras de teatro que compaginaba con las clases.

A los 22 años debutó, con una breve aparición, oficialmente en el filme de cine mudo El pequeño Napoleón (1923). No obstante, su primera aparición en la gran pantalla vino de la mano de El capricho de una dama en ese mismo año.

En el rodaje de Tragedia de amor conoce a Rudolf Sieber, productor cinematográfico que en ese momento trabajaba como ayudante del director. Con él, mantuvo un breve noviazgo y se casó por lo civil ese mismo año.

De este breve matrimonio nace Marie Elisabeth, la única hija de Marlene. La niña nunca vivió el amor de sus padres, pero si su buena relación como amigos una vez separados, pues se llegaron a divorciar.

A lo largo de la década de los 20 viajó entre Berlín y Viena, participando en obras teatrales de autores como Shakespeare o George Bernard Shaw, en tres filmes y familiarizándose con la música popular alemana de la época.

Rompedora

La fama alcanzó a Marlene en 1930, cuando coprotagonizó junto a Emil Jannings el primer largometraje europeo del cine sonoro: El ángel azul. Junto a los comienzos de un histórico reconocimiento en el mundo cinematográfico, la artista vivió el inicio de una intensa relación laboral, y sentimental, con el director Josef Von Sternberg.

Con él su carrera despegó rápidamente, en parte gracias a la imagen icónica de diva que forjaron juntos para ella. Tuvo papeles como el de la cabaretera Lola Lola, que causó gran sensación internacional.

Marlene cantaba letras insinuantes y vestía ropas sugerentes, muy rompedoras en la época, tanto que el largometraje fuese prohibido en 1933 en Alemania.

Comenzó un proceso de transformación en todos los aspectos: aprendió inglés, afinó sus rasgos maquillaje y se enfundó vestuarios que la llevaron a ser icono de moda. Sin embargo, siempre se sintió atada a esa imagen andrógina, pero cargada de sensualidad y elegancia, algo que daba ambigüedad a sus papeles.

Marlene Dietrich

Historia del cine

En la cresta de la ola de su carrera, viajó al gran Hollywood y firmó con Paramount, para participar en siete películas, algunas de ellas reconocidas internacionalmente y consideradas grandes clásicos.

Marruecos, en 1930, ofreció al mundo una escena rompedora que causó gran revuelo en la época y le hizo rozar un Óscar que nunca obtuvo. Fue la primera película que rodó en Estados Unidos, junto a un jovencísimo Gary Cooper, y tras ella participó en Capricho Imperial y en El expreso de Shanghai, donde interpretó dos de sus papeles más famosos.

En la tierra del cine, los proyectos en los que participó buscaban destacar el fulgor de la actriz con una estilización visual y argumental que la presentaban como una femme fatale.

Este perfil llevó a la censura de películas que protagonizó en algunos países muy conservadores, como la España franquista de aquel momento, pero también ofreció escenas en las que los espectadores podían disfrutar de ella junto a otras actrices icónicas como Greta Garbo.

Tras una ruptura artística y personal con Von Sternberg continuó en el Séptimo Arte trabajando con otros directores desde 1933, aunque los resultados de estas obras fueron dispares y oscilaron entre el éxito y el fracaso dependiendo de cada una.

Pasados por alto los éxitos, los fracasos hicieron que los críticos del momento la integraran en el grupo de actrices que consideraban “veneno para la taquilla”. Un apodo que compartió con otros compañeros de profesión como Mae West o Joan Crawford. A pesar de ello, por su papel en El jardín de Alá, en 1936, cobró uno de los sueldos más altos de aquellos años.

Firmeza política

Durante un rodaje en Londres, Marlene recibió la visita de varios oficiales nazis que le propusieron suculentas ofertas de trabajo para el Régimen del III Reich para convertirla en la estrella principal de Alemania.

Por sus fuertes convicciones políticas muy contrarias al nazismo y a las políticas antisemitas, decidió rechazarlas y solicitar la ciudadanía estadounidense. Un hecho que la pondría en situaciones complicadas y comprometidas en sus años futuros.

En 1939 logra reactivar su carrera, estancada durante algunos años, con western como Arizona, donde mostraba ciertas notas de humor, o Siete Pecadores.

Tras el estallido de la II Guerra Mundial, compagina sus trabajos artísticos oficiales con la recaudación de bonos de guerra para Estados Unidos. Hizo un gran esfuerzo por usar su figura pública para un buen fin.

También actuó en el frente junto a otras estrellas de Hollywood para entretener a las tropas de los Aliados. Por otro lado, grabó varios discos antinazis en su idioma materno, inmortalizando su canción Lili Marlene, que más tarde traduciría al inglés.

Todo ello supuso para Marlene una situación de dura tensión en algunas de sus actuaciones. Llego incluso a ser abucheada por el público alemán que se encontraba contrariado con su oposición al Régimen de Hitler.

Marlene Dietrich

Pero Marlene continuó con su carácter transgresor. En 1962 durante una actuación en Israel, se atrevió a cantar canciones en alemán, algo que fue considerado toda una provocación en aquel entonces.

Toda su labor durante la Guerra y su firme posicionamiento en contra de las discriminaciones y atrocidades cometidas durante ese periodo la hicieron ganadora de la Medalla Israelí al Valor en 1965. Así, ganó una vez más un logro histórico: ser la primera alemana y mujer en conseguirlo.

En su vida privada, el rechazo al nazismo supuso una ruptura con su hermana, quien, junto a su marido, mantuvo relaciones de amistad con algunos dirigentes nazis. A pesar de rechazarla e incluso declarar años más tarde que “no tenía hermana”, logró que no fueran represaliados por estas afinidades tras la caída del Régimen.

Femme fatale

A Marlene le pasó factura en muchas ocasiones aquella imagen de femme fatale que le habían labrado. Además, tras la pérdida de gancho como reclamo erótico, buscó una amplitud interpretativa que se vio entorpecida por la mala relación que tuvo con alguno de los directores de sus trabajos. Aún así, apareció en Pánico en la escena, de Alfred Hitchcock o Sed de mal, de Orson Welles.

Probó suerte como cantante y lanzó varios discos en los que destacaba notablemente su característica voz, se hizo un hueco en el mundo del cabaret y realizó varias giras internacionales entre 1950 y 1975.

Con Burt Bacharach, director de musicales y breve novio de la artista, renovó su imagen hacia una vertiente más señorial y espigada. Sin embargo, tras superar un cáncer de cerviz en 1965 y sufrir dos lesiones durante sus espectáculos decidió retirarse de los focos a su apartamento en Francia los últimos años de su vida.

La leyenda del cine, falleció el 6 de mayo 1992 en París, a los 90 años. En su funeral, el cuerpo de Marlene fue arropado con una gran bandera de los Estados Unidos, país al que siempre se sintió muy unida, y enterrado en el cementerio municipal de su Berlín natal.

Además...

¿Sabías que...?

Marlene marcó muchas tendencias gracias a su atrevida y transgresora forma de vestir. Fue vestida por muchos de los altos diseñadores de la época y un gran referente para las estrellas que la sucedieron por su elegancia y glamour tan característicos.