Solo el 12% de la población mundial vive en ciudades que cumplen con los estándares de calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La polución aumenta en los entornos urbanos donde se calcula que vive más de la mitad de la población mundial.

Las partículas de aire contaminado se clasifican según su tamaño, y su efecto en el cuerpo humano es proporcional a sus dimensiones; cuanto más pequeñas más lejos llegan. Las de menos de 2,5 micras se acumulan en los bronquiolos y bloquean las vías respiratorias, afectando la difusión del oxígeno en el cuerpo.

Inflaman los tejidos del aparato respiratorio y provocan rinitis, sinusitis, laringitis y hasta neumonía. Por otra parte, los ambientes con aires contaminados alteran la cotidianidad de las personas, en términos de calidad de vida, donde primero se nota es en el sueño y el apetito. “Hay estudios que relacionan los disruptores endocrinos que conlleva la contaminación y la obesidad”, asegura la Dra. Paula Rosso, médico estético del Centro Médico Lajo-Plaza.

Cuando la exposición es constante, aparece irritabilidad, trastornos de ansiedad y depresión, afectando las relaciones.

La piel, un escudo protector cada vez más vulnerable

Ocho de cada diez dermatólogos afirman que la contaminación causa problemas en la piel, barrera con la que nuestro cuerpo se defiende.

La exposición directa y constante disminuye la oxigenación del tejido y acelera el proceso de envejecimiento cutáneo, induce a estrés oxidativo y aparece seca, falta de luminosidad, con poros obstruidos, comedones y acné.

“Según la exposición a la que sea sometida, puede afectarle produciendo manchas, arrugas, oxidación celular, eczemas o alergias… La piel es un órgano con memoria y estas patologías pueden repetirse a lo largo del tiempo o acentuarse”, dice el Dr. Antonio Ortega, dermatólogo de Clínica Menorca.

La contaminación acelera la producción de radicales libres y la destrucción de los antioxidantes naturales, además de producir deshidratación tanto de la piel como del resto de órganos, sobre todo en el aparato respiratorio, que tiene contacto directo con la polución, provocando reacciones alérgicas, asma y sequedad de las mucosas.

El rostro, el más expuesto

La función de barrera de la piel y su hidratación son las amenazas más inmediatas de la polución. El aire contaminado tiene varios compuestos gaseosos y partículas, algunas con más de 150 productos químicos diferentes, que provocan la aparición de radicales libres, responsables de acelerar el envejecimiento y de la aparición de arrugas prematuras.

Además, ensucian la superficie, obstruyendo los poros y destruyendo antioxidantes como las vitaminas C y E.

Las personas que viven en distritos altamente contaminados tienen peor hidratación, mayor cantidad de líneas de expresión y arrugas, cutis áspero, opaco y seco, que aquellos que viven en zonas más libres de polución, a pesar de tener un estilo de vida más saludable, como por ejemplo, rutinas de limpieza, mayor consumo de agua y uso de productos de cuidado de la piel.