La delicada interfaz de la piel entre el mundo interior y el exterior la hace particularmente susceptible a los factores de estrés internos y externos. Cerca del 50% de la población afirma tener las características de una piel sensible y, aunque este número varía, parece estar creciendo a nivel mundial.

Las persona con piel sensible experimentan en ella sensaciones desagradables (ardor, quemazón, enrojecimiento, picazón y sensación de hormigueo…) como respuesta a elementos que no suelen provocar dichas reacciones, como puede ser el viento, los cosméticos y tratamientos para la piel, los bajos niveles de humedad e incluso el agua.
Sin embargo, el estrés, la exfoliación excesiva, el uso incorrecto de productos y la contaminación urbana pueden sensibilizar incluso las pieles que son más saludables.

Cómo es

Por lo general, es fácil reconocer la piel sensible o inflamada, pues suele verse roja y sentirse caliente, pero a menudo esas sensaciones se experimentan sin ningún signo visible de enrojecimiento o irritación aparente. Por ello, es fundamental evaluar el nivel de sensibilidad de la piel antes de aplicar cualquier tratamiento.

La piel sensible tiene una débil barrera de protección. Esto puede generar un ciclo vicioso en el que la piel sea más susceptible a la penetración de irritantes y alérgenos, desencadenando una reacción inflamatoria.

Alérgenos

Actualmente se distinguen 26 alérgenos que deben estar especificados en el etiquetado de los cosméticos. Es un grave error considerar cuando utilizamos una crema, por ejemplo, rica en vitamina C, y notamos alguna reacción exagerada en la piel, relacionarla estrictamente con este ingrediente. Cualquiera de los ingredientes de un cosmético pueden producir alguna intolerancia. De hecho, no podemos olvidar que uno de los principales agresores es lo que vulgarmente conocemos por jabón.

El estrés

Se ha demostrado que el estrés emocional también disminuye la recuperación de la barrera, atrasando la curación de la piel en momentos estresantes. Durante los periodos de sensibilidad crónica o repentina, hay que proteger y fortalecer la barrera de la piel para evitar la pérdida de agua transepidérmica en exceso o la penetración de irritantes y patógenos inflamatorios.

Además de la irritación causada por factores externos, la inflamación también puede ser desencadenada por factores internos. Nuestro estado mental también influye a la hora de estimular los nervios periféricos y liberar mediadores químicos que inducen a la inflamación, enrojecimiento, picazón, ardor, quemazón y aumento de la sensibilidad de la dermis. Es lo que se conoce como la inflamación neurogénica.

En la superficie de la piel viven aproximadamente un millón de bacterias por centímetro cuadrado. Se llama microbiota y desempeña un papel fundamental en nuestra inmunidad adaptativa. Mantener un equilibrio bacteriano beneficioso puede ayudar a proteger nuestra piel de bacterias peligrosas que provocan la inflamación.

Vida sana

Lo que somos por dentro se refleja por fuera. Una vida saludable es fundamental para mantener una piel también sana, radiante y sin imperfecciones. Lo que comemos y el estilo de vida que llevamos se refleja mucho más en la salud de nuestra piel de lo que pensamos:

  • Practica ejercicio físico.
  • Ten una correcta hidratación.
  • Cuidado con la ingesta de café, chocolate, embutidos, alcohol y el tabaco.
  • Toma muchas frutas y verduras.
  • Protégete contra el sol.