Del mismo modo que preparas tu piel con protectores solares seguros antes de tomar el sol, después de la exposición también debes prestarle mucha atención. No hay duda de que los rayos de sol nos aportan un buen chute de energía, ayudan a sintetizar la vitamina D y reducen notablemente el estrés, pero siempre en dosis cuidadas y medidas, ya que el bronceado en exceso puede acarrear serias consecuencias. Toma nota de todo lo que debes saber.

Principales problemas

  • Fotoenvejecimiento: Recuerda siempre este dato: el 90% de los síntomas del envejecimiento de la piel están producidos por el sol. Los rayos UVA penetran hasta la dermis y sus efectos son acumulativos. Una exposición al sol excesiva y prolongada puede ser la responsable del deterioro del colágeno y la elastina, que lleva a la aparición de arrugas y flacidez en la piel.
  • Quemaduras: El principal problema de las quemaduras es que muchas veces no las advertimos hasta que ya es demasiado tarde. Comienzan con el enrojecimiento de la piel, inflamación y dolor, pero si la quemadura es importante, se pueden formar ampollas. ¡Ojo con ellas! Si no se curan bien, podrían infectarse y provocar lesiones y marcas en la piel irreversibles.
  • Brotes de acné: La luz solar puede desencadenar también una variedad particular de acné denominada “estival” (o acné de playa). Esto ocurre cuando se combinan los rayos UVA con ciertos productos de protección solar y de cuidado de la piel. El acné estival afecta principalmente a las mujeres de edades comprendidas entre los 25 y los 40 años, especialmente a las que ya sufrieron acné en la adolescencia.
  • Deshidratación: Las células que conforman nuestra piel cuentan con un mecanismo de hidratación natural que la mantiene en perfectas condiciones. Cuando este mecanismo se ve atacado desde el exterior (temperaturas extremas, viento, sol…), la cantidad de agua empieza a disminuir y provoca su deshidratación, presentando un aspecto apagado, agrietado, tirante…
  • Manchas solares: Aparecen en las zonas más expuestas como rostro, escote y manos. La hiperpigmentación se origina por un aumento de la producción de melanina, y el sol es uno de los principales factores.

Así debes cuidar ahora tu piel

  • Hidratación continua: La hidratación de la piel es clave para repararla y evitar que se pele. Para ello es importante usar siempre un buen aftersun durante los días de exposición solar y una buena crema (o aceite) hidratante el resto de las vacaciones. ¿Cuáles van bien? Las que contienen aloe vera, aceite de rosa mosqueta, urea, ácido hialurónico, coenzima Q10…
  • Exfoliación correcta: El sol afecta a nuestra piel de la siguiente manera: la adelgaza, la irrita y la hace más sensible y seca. Así que la exfoliación inmediata tras la exposición solar solo aportaría más daño. Mejor deja que pasen unos días y cuando notes que tu piel está totalmente recuperada exfolia, pero siempre por la noche y utilizando productos suaves que no la sensibilicen más. En cuanto a las duchas, utiliza un gel o aceite limpiador sin sulfatos. Extiéndelo con la mano (el roce de la esponja puede irritar más) y aclara con agua fresca.
  • Limpieza exhaustiva: Al tradicional ritual de la ducha nada más subir de la playa o la piscina hay que añadir un paso fundamental: la limpieza de la piel del rostro, para eliminar restos de cremas solares, salitre y cloro. La mejor manera de hacerlo es con un agua micelar ya que, además de realizar una función calmante, ayuda a limpiar la piel de una forma suave.
  • Cura de choque: Aplícate una mascarilla una vez por semana para devolver la luminosidad a tu rostro y combatir las posibles manchas. ¿Tus mejores aliadas? Las de velo, son de celulosa biológica y contienen una gran cantidad de principios activos, como colágeno, elastina, ácido hialurónico, caviar, perlas… Lo único que tienes que hacer es colocar la mascarilla en tu rostro y dejarla actuar durante 20 minutos.
  • Vitamina C, la mejor aliada: Contiene propiedades antioxidantes que ayudan a contrarrestar los daños celulares causados por los radicales libres debido a la exposición solar. Además, también contribuye en la curación de quemaduras y es clave en la síntesis del colágeno, una proteína clave para mantener la piel joven, tersa y luminosa. Pero hay un pero, no vale cualquiera: su composición debe estar siempre entre el 10% y el 20% de vitamina C pura para poder apreciar sus beneficios. Elígela en forma de sérum o concentrado y aplícate unas gotitas antes de usar tu protector solar.
  • Granitos a raya: Si tienes la piel con tendencia acnéica tu ingrediente mágico a partir de ahora es el ácido salicílico, ya que elimina las capas de células muertas y es capaz de penetrar en los poros obstruidos. Comienza aplicándolo con una menor frecuencia y aumenta su uso poco a poco.