En primer lugar hay que aclarar que no son lo mismo ni su origen es igual. Las ojeras tienen un color violáceo y suelen ser hereditarias. Cuando el tono es verdoso pueden ser debidas a la falta de descanso, a una tensión nerviosa o al mal dormir. Las bolsas, por su parte, también pueden tener un origen genético y pueden estar ‘rellenas’ de grasa o líquido. Sus causas son múltiples, desde un estilo de vida plagado de malos hábitos, hasta medicamentosas o hereditarias.

Stop ojeras

Las ojeras son las más complicadas de eliminar. Un tratamiento efectivo son los pequeños pinchazos con ácido hialurónico, ya que ayudan a engrosar la piel y combatir las transparencias. También el aceite de almendras ayuda a mejorarlas gracias a su contenido en vitamina E, que hidrata la piel del contorno de los ojos, retrasando la aparición de patas de gallo. Ponte una gota en el dedo y masajea alrededor de los ojos antes de dormir.

Nada de bolsas

Por suerte, las bolsas son más sencillas de combatir, sobre todo si el problema es la acumulación de líquidos. ¿La clave? Drenar. En casa lo ideal es aplicar un contorno de ojos con principios activos que activen la microcirculación, dando toquecitos con las yemas de los dedos desde el lagrimal hacia el exterior. Otro truco es colocar una rodaja de pepino durante 15 minutos para que baje la hinchazón. Eso sí, asegúrate de que esté bien frío.

Y además…

Un remedio natural que funciona: La manzanilla es una planta medicinal muy eficaz para eliminar bolsas y ojeras. Prepara una infusión y, cuando esté fría, impregna dos discos de algodón y colócalos durante 15 minutos en los ojos. Después, colócate durante 30 segundos más una cucharilla previamente enfriada en el congelador.